Charlando un rato con Juan “Nervio” (Light-Jockey)

Aprovechámos la sección para charlar un rato con Juan “Nervio”, quien fue sin duda  el Light-Jockey que hizo de Barçalles un lugar especial. Si la sala tenía una gran cabina con grandes DJ’s no podían descuidarse las luces y que éstas fueran de un nivel inferior. El encargado de perfeccionar todo aquél sistema de efectos y colorido, fue Juan.

Hay que recordar que Juan durante muchos años ha sido el LJ de una de las salas más potentes de Europa, el Amnesia de Ibiza y cuenta con una gran experiencia dentro del campo de las luces de gran espectáculo.

Sin duda, es un privilegio que nos pueda recordar su paso de una forma breve por la cabina de Barçalles.

¿Qué es lo q debía tener un LJ para hacer una sesión de Barçalles
en las luces?

En los primeros tiempos era fundamental tener una buena taja como un piano o incluso llegado el caso del siempre esbelto porte de la mismísima catedral de Burgos. También aunque esto ya no era requisito imprescindible era ser un gran conocedor del equipo que tenías entre manos y de todas sus posibilidades para poder sacar el mayor partido de este. Era básico conocer la estructura de la música para poder ser rápido e improvisar en los discos nuevos y sobretodo tener una gran creatividad para no repetirse constantemente en las coreografías de iluminación. La diferencia entre cualquier otra discoteca y Barçalles es que nosotros éramos un espectáculo. La gente joven cada vez es más exigente y puestos a pagar reclaman su derecho a que los sorprendas. Por supuesto. Y el light-jockey, desde su “humilde” posición en cabina debía estar a la altura de las circunstancias.

¿Qué recuerdos guardas de la cabina a lo largo de tu estancia?

Sin la menor duda fue una de las más bonitas etapas de mi vida. Allí conocí a algunos de mis mejores amigos, los cuales me enorgullece decir que todavía conservo, gente realmente especial, mágica allende los mares.

Hoy alzo mi copa por los que están y por quién en su día decidió irse, después sonrío un poco y sigo mi camino y continuo pensando que soy un “rebelde con causa” (Gracias Carlos Segarra).

¿Cuál era tu efecto preferido en las luces?

En realidad no tenía un “hijo predilecto”, ni un “mejor amigo”. Era un poco como en aquellos conciertos en los que el teclista está rodeado de sintetizadores y utiliza todos y cada uno de ellos a su debido momento para dar a la música el matiz que le corresponde en ese preciso instante. O al menos ese era el tratamiento que yo le daba al equipo, no sé si bueno o malo, pero mío. Y eso le infirió una personalidad a la estética de la sala. Aunque no sé si enorgullecerme de ello o no… je!, je!, je!

¿Qué sensaciones te trasmitía ver a la gente con los brazos
levantados recortando el láser?

Cuando ponía el láser en un break de la canción quedaba realmente precioso ver la sala iluminada, con un montón de humo y las manos del entregado público recortando aquel cielo improvisado. Pero secretamente en ese momento escondía mi cabeza entre los teclados y aprovechaba para tomar un poco de aliento porque solía ocurrir siempre al final de un montón de eclépticos sonidos que me mantenían al 100% de mis posibilidades físicas y mentales durante las horas que duraba la sesión. Eran unos pocos segundos para pensar como debía continuar el devenir de la sesión.

Cuando lo poníamos durante un tema entero era un momento de elevación espiritual que alguno de los componentes de la cabina teníamos. El resto nos quedábamos un poco perplejos y a la expectativa hasta que dicha situación finalizaba y después continuábamos la sesión como si “casi nada” hubiese ocurrido ya que existía un gran respeto profesional entre nosotros, ya que sabíamos que estábamos allí reunidos lo mejorcito de Barcelona. Era como cuando el guitarra de un grupo de rock se marca un solo que no estaba previsto y encima queda guay. Esta especial nota de color solía venir desarrollada por Toni Bayo o Toni Flash, dos de los “Grandes”, dos de los “Más Grandes” (con el permiso de Rocío Jurado, en gloria esté). Todos tenemos derecho a sentirnos un poco “divos” de vez en cuando y yo el que más, ¡que diablos!.

Cuando poníamos el láser durante más de dos temas la cosa estaba clara… era el momento de ir a buscar unas birras o visitar el baño.

¿Cuál es tu tema favorito que se pinchaba en Barçalles?

“Hablando”, de Ramírez, no en vano se sigue pinchando en las discotecas de Ibiza alguna que otra vez y sigue siendo un pelotazo, junto con el de “Age of love”.

¿Háblame del primer día que entraste en la cabina de Barçalles?

Me sorprendió la cantidad de botones todos iluminados que allí había. Parecía un avión, o mejor dicho, parecía una nave espacial. Creo que fue en aquel momento en el que se me quedó la cara de tonto que todavía conservo. Aquella tarde le dije a Toni Bayo: “…nunca seré capaz de llegar a memorizar lo que hace cada botón, eso es humanamente imposible”. Y fíjate… las vueltas que da la vida… (risas)

¿Una anécdota tuya durante la sesión?

Hay un montón para contar, pero recuerdo una especialmente curiosa. Paramos la sesión a las 7 de la tarde y salimos al podium de cabina José Miguel DJ, Paco Pil, Toni Bayo, Toni Flash y yo. Montamos una mesita con jamón serrano, queso, cervezas, pan, aceite, sal y unos tomates y nos permitimos el lujo de pegarnos una merienda allí sentados, totalmente iluminados, delante de todo el mundo y a música parada. Nadie fue capaz de articular palabra o sonido alguno, ya que nadie entendía nada. Aquella noche, al final de la sesión, nuestro jefe, por aquel entonces Charles Hugh McReady nos felicitó, dimos cuando menos un “espectáculo”, no sé si bueno o malo pero seguro que más de uno todavía se debe de acordar. Habíamos alcanzado el “Status” de estrellas, más que nada por la excentricidad y posteriormente por la altísima tasa de alcohol en sangre y en mi caso en ocasiones de otras sustancias de índole más furtiva.